Ese testigo de Jahová nunca pasó el rellano de tu puerta

Cuando escribes para vender tienes muchos números para que no pase nada.

Estadísticamente, lo más probable es que no te hagan caso, que te quedes como un testigo de Jehová, en el rellano de la puerta de tu lector.

Para que me entiendas, la mente del lector es como una casa.

Tiene recibidor, pasillo, habitaciones.

A la derecha del pasillo está el lavabo y al fondo la cocina.

La cocina es lo más íntimo, donde se mezclan los ingredientes que marcan el olor del hogar, y de sus habitantes.

O no.

Tal vez, lo más íntimo sea el lugar de dormir, donde va a uno a entregarse a la inconsciencia, a follar, a llorar, o a las dos cosas juntas, según sea el caso.

O no.

Quizás sea el baño, la zona de las vergüenzas y las violencias.

Vergüenza con tus deshechos, ya me entiendes.

Violencia con las pelos, con los puntos negros, las pieles secas.

O según como se mire, la zona íntima sea el comedor, o la sala del sofá, donde se discute, se cuentan historias, se reconcilian las personas que no se reconcilian en las habitaciones.

Digamos que zonas íntimas hay varias, y diferentes.

Pero el vestíbulo, o recibidor es donde quedan las chaquetas, los zapatos mojados por la lluvia, todo lo que no queremos que ensucie el parquet de nuestra mente.

El recibidor es el filtro que tiene la casa para cuidar lo que entra y lo que no.

Cuando te acercas con una propuesta, la mente de tu lector hace lo posible para que lo que está leyendo no pase del rellano.

Aunque si le interesa un tema, puede dejar que con tu mensaje pases al vestíbulo un momento, sin dejar que te quites la chaqueta, sin invitarte a pasar dentro.

Pero a pesar de este principio, si te esfuerzas, si le das una vuelta de tuerca a tu mensaje, si logras que tu contenido sea cercano a sus pensamientos privados, el lector te encuentra en su sofá con los pies encima de una butaca sin entender cómo ha podido pasar, si hace un momento estabas tocando el timbre, cómo es que ya te siente como a alguien de la familia.

La gran mayoría de comunicadores agradece que los dejen pasar un minuto al vestíbulo, mientras una minoría silenciosa comparte la mesa y abre la nevera en las mentes de sus lectores.

No escribas para comunicar correctamente.

No busques permiso para entrar al vestíbulo de nadie.

Escribe con más ambición que esa, los resultados llegan en abundancia para quienes han dejado la chaqueta y los zapatos en el recibidor de la mente de sus lectores.

Bien.

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