Moraleta de la venta

Érase una vez que Internet era campo.

Todo campo.

Cualquier vecino de a pie se llevó la tumbona y creo un blog para hablar de sus cosas. Las que fueran.

Uno que ahora es un escritor referente en Argentina, por ejemplo, tenía un blog llamado “Más respeto que soy tu madre” donde contaba las peripecias de una familia educada a base de chancletazos.

Publicaban por gusto.

Algunos de esos blogs se perdieron en el olvido. Otros fueron recolectando seguidores y con los años, si el autor o autora tuvo dos dedos de frente, lo convertió en un negocio.

Vendieron ebooks, dieron charlas, lo que fuera.
Ese fue el crecimiento orgánico de unos cuantos prósperos negocios.

Qué pasa ahora que la gente quiere un negocio online y dice que la venta no importa, que lo que importa es regalar valor y ayudar al prójimo?

Que me huele a chamusquina.

Mira.

Ayer vino al refugio donde estaba un canario, no el pájaro, quiero decir un señor de las islas.

Estaba roto de cansancio. Llevaba caminando tantos días que se había mimetizado con las rocas de la cima.

Todo él era polvo.

Se derrumbó en la silla y pidió algo caliente.
La cocinera, Eva, le sirvió un caldo cocinado durante seis horas con vegetales picados finos, con tropezones de chistorra y morcilla.

El hombre tomó la sopa con fruición.

Cucharada, ruido, cucharada, ruido.

Después se comió el plato del día: butifarra con ensalada.
Al terminar, pidió un café y se fue a la barra:

-Quería felicitar a la cocinera. Dijo.
-Te ha gustado? Le preguntó Eva.
-Muchisimo. Le contestó. – Cuánto es?
-Con el café son 15,50€

El tío pago encantado, le dejó una propina y se marchó.

¿Has visto algo en esa situación que hiera tu sensibilidad?

Pues yo tampoco.

Por eso no entiendo porqué algunos profesionales andan diciendo que no hay que pensar en cobrar cuando haces tu trabajo.

Más si eres copywriter y tu especialidad es vender con palabras.

Algunos creen que es mejor fingir que creas contenido por gusto, cuando en realidad tienes aspiraciones de hacer crecer tu negocio.

No eres un bloguero de principio del 2000, no intentes parecerte a algo que ya no existe.

Quizás sea más honesto asumir la situación: necesitas ventas.

Es tan honesto como vender sopa a alguien que tiene hambre.

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