Poe, la segunda es la vencida

Y el cuervo inmóvil, fúnebre 

y adusto

sigue siempre de Palas

sobre el busto

y bajo mi fanal,

proyecta mancha lúgubre

 en la alfombra

y su mirada de demonio asombra…

¡Ay! ¿Mi alma enlutada de su sombra

se librará? ¡Jamás!

 

Así termina “El Cuervo” un poema de Poe que pasó a la historia.

Ya no está de moda este escritor, pero de niña dio rienda suelta a mi morbo macabro.

Ese gusto por quedarme embobada ante el cadáver de un gato atropellado.

Ese mismo.

Y cuál fue mi sorpresa al enterarme de que la primera versión de ese poema, no se llamaba de esa manera.

Es que en la primera versión, el pájaro que se posaba sobre el busto y le decía “Jamás!” no era un cuervo, era un loro.

¿Te imaginas?

Que poca gracia, una cotorra con voz de cotorra escuchando al deprimido amante dolido por la muerte de su amada Leonor, hablando desesperación y suicidio para que el loro grazne:

-¡Jamás!

Muy feo todo.

Por suerte, Poe después reflexionó, y ya con la primera idea plasmada en el papel, volvió a hacerse preguntas:

¿Cómo consigo comunicar esta idea de manera más eficiente?

¿Qué ambiente quiero crear? ¿Con qué colores voy a pintar en la mente del lector?

Entonces tuvo a bien cambiar el verde loro por el negro cuervo.

Eso es posiblemente lo que suceda con tu primer borrador de los textos de tu web.

Una vez que liberas tu cabeza de la idea que te va rondando, y la ves plasmada en el papel, recién ahí tienes espacio mental para hacerte las preguntas necesarias que te van a llevar sí o sí a mejorar tu texto.

Que bonito proceso esto del copywriting.

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